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miércoles, 4 de diciembre de 2013
El Cantero.
Desde hace años en mi retorno invernal a la urbe, a la era tecnológica, a los amigos de siempre, es inherente, al calor del saludo y del abrazo... ese... " ¿y que tal la temporada?" mi respuesta es igual de limpia y sincera como reiteradamente cíclica, pues año tras año visitando amigos, lugares amados y peces anhelados, nada puede ir mal y son los buenos recuerdos, los que ahora afloran con mayor fuerza en el entretiempo. Sin embargo no siempre las respuestas de los compañeros alcanzan el mismo enfoque, y el otro día casi a mi llegada, un compañero me comentaba que había pescado menos, que si en el Ebro riada, que si en el Narcea un mar de gente, que si quien pudiera ser fulano pues mira que bien pesca, o lo bien que está mengano prejubilado.... y mientras me contaba todo esto mi mente no hacía más que darle vueltas a la fábula del Cantero.
Hace ya muchos años, antes de que el primer herrero forjase la primera espada de hierro...,
domingo, 30 de diciembre de 2012
El joven y el anciano pescador.
E
l minúsculo pueblo apareció cubierto por una ligera capa de nieve creciente, como si hubiese brotado de una nueva mano de pintura y sus pasos fueran los primeros en marcar su inmaculada superficie. Hoy regresaba pronto a casa su único hijo cumplía ocho años, risueño y vigoroso crecía tan rápido como el ascenso constante del humo de aquella vieja cocina.
“¡Papá, papá! ¡Mañana el abuelo me llevará a pescar!"
Mi vista se ensombreció y fruncí el ceño preocupado. Recordé a su edad como aborrecía todo aquello que mi padre estimaba, despreciaba aquella absurda afición, tal vez fruto de la insistencia propuesta a la fuerza, sugiriendo que me gustara. Jamás volví a coger aquellas finas varas de pescar.
domingo, 20 de noviembre de 2011
El último furtivo.
sábado, 20 de noviembre de 2010
El pescador y la Lamia
L
os perros ladraban en la lejanía, al son del humo silencioso que emana de un antiguo pueblo. El lánguido valle de la adolescencia, donde la luna derrama una luz mortecina de fruncida sombra por encima de largas hileras de coníferas densamente pobladas. Hubo un tiempo en el que aquel valle sonreía silencioso, confiando su cuidado al fulgor de las estrellas. Hoy sólo son recuerdos de la lenta miel de los viejos, que el paladar alimenta y de brillo llena los ojos.
Aquella vieja mañana el sol le acompaña cantándole las posturas, en la quietud absorta se consumía el mediodía, mientras la transparencia del silencio era rota por la rapidez fulgurante de la línea, silbando apenas entre dientes…, en la punta un atajo de pelos certeramente edificados, revestían el inmortal anzuelo.

os perros ladraban en la lejanía, al son del humo silencioso que emana de un antiguo pueblo. El lánguido valle de la adolescencia, donde la luna derrama una luz mortecina de fruncida sombra por encima de largas hileras de coníferas densamente pobladas. Hubo un tiempo en el que aquel valle sonreía silencioso, confiando su cuidado al fulgor de las estrellas. Hoy sólo son recuerdos de la lenta miel de los viejos, que el paladar alimenta y de brillo llena los ojos.
Aquella vieja mañana el sol le acompaña cantándole las posturas, en la quietud absorta se consumía el mediodía, mientras la transparencia del silencio era rota por la rapidez fulgurante de la línea, silbando apenas entre dientes…, en la punta un atajo de pelos certeramente edificados, revestían el inmortal anzuelo.
domingo, 28 de febrero de 2010
El valle de los deseos.
E
l fuerte viento arrojaba las trémulas hojas de los árboles contra el cristal de la ventana, el sol guardaba su rostro anaranjado, arrastrando los pensamientos, bajo la enjuta montaña, tratando de enterrarlos más allá de la vuelta de las oscuras golondrinas.
l fuerte viento arrojaba las trémulas hojas de los árboles contra el cristal de la ventana, el sol guardaba su rostro anaranjado, arrastrando los pensamientos, bajo la enjuta montaña, tratando de enterrarlos más allá de la vuelta de las oscuras golondrinas.
martes, 19 de enero de 2010
La leyenda del Curueño.
H
ace muchos, muchísimos años, cuando el cielo estaba más cercano a la tierra que ahora, y el embravecido mar cubría infinidad de valles y montañas, vivía en el río Curueño un poderoso mago o hechicero. Tan alto como el más alto pino de la montaña, llevaba sobre la cabeza un frondoso árbol, de verdes hojas y tupido ramaje. Su barba, de muchísimas varas de largo, era de musgo, lo mismo que las cejas y pestañas. Su vestido era de corteza de encina, y su voz como el rodante trueno, y debajo del brazo llevaba una gaita tan grande como la campana de la iglesia del más grande pueblo.
ace muchos, muchísimos años, cuando el cielo estaba más cercano a la tierra que ahora, y el embravecido mar cubría infinidad de valles y montañas, vivía en el río Curueño un poderoso mago o hechicero. Tan alto como el más alto pino de la montaña, llevaba sobre la cabeza un frondoso árbol, de verdes hojas y tupido ramaje. Su barba, de muchísimas varas de largo, era de musgo, lo mismo que las cejas y pestañas. Su vestido era de corteza de encina, y su voz como el rodante trueno, y debajo del brazo llevaba una gaita tan grande como la campana de la iglesia del más grande pueblo.
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