omo casi siempre que tengo un día libre me cuesta madrugar, a pesar de mi propósito de sacar buen partido a la mañana, la pereza me aventaja y hace varias horas ya, que los rayos de sol rompen la oscuridad a través de las rendijas de mi habitación. Me incorporo recordando ese par de excesos de la noche anterior que tuercen la faz de mi cara en forma de mueca, y me apresuro, se que mi encuentro con el río alejará todo mal.
